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La misión de un padre es enseñar la verdad

  • P. Davide Tonini
  • hace 1 día
  • 2 min de lectura

Hoy celebramos a nuestros padres: con ellos tenemos una deuda impagable, y es siempre justo dar gracias a Dios por el don de su vida. ¿Cuál es la misión de un padre?

En el Evangelio escuchamos la segunda parte del discurso misionero de Jesús (Mt 10, 1-42): en esta página, el Señor nos invita a difundir la palabra que hemos recibido de Él: “Lo que les digo de noche, repítanlo en pleno día, y lo que les digo al oído, pregónenlo desde las azoteas”. Como Jeremías, somos profetas de Dios, por el Espíritu Santo que recibimos el día de nuestro Bautismo: tenemos que repetir lo que oímos de él, amplificándolo; lo que oímos de noche, discretamente: a veces el Señor nos habla de forma discreta, silenciosa… eso que escuchamos en el silencio de la oración, de la lectura de la Palabra, repitámoslo en pleno día, o sea, con valor y abiertamente. Debemos de consagrar nuestra vida a esta tarea: tenemos el deber de la verdad, porque las multitudes “están extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastor”, como nos decía el Evangelio de hace ocho días. El mundo está sediento de la verdad, y nosotros somos los profetas encargados de difundirla, amplificando con nuestra vida la Palabra que recibimos del Señor.

Ahora bien, el Señor añade dos detalles importantes: primero, lo duro que es esta misión. El ejemplo de los profetas del Antiguo Testamento no deja lugar a duda: quienes proclaman la verdad, serán perseguidos, porque la verdad para sanar, hiere; para levantar, incomoda. Jesús mismo, al final de su vida, tuvo que padecer la pasión y la muerte por decir una verdad incómoda, su propia identidad.

El segundo detalle es que no debemos tener miedo, porque el Señor nos expone y a la vez nos protege. Nos expone, para que crezcamos en la verdad y en el amor a Dios, proclamando su Palabra; pero también nos protege, como nos dice claramente. “En cuanto a ustedes, hasta los cabellos de su cabeza están contados”. Por lo tanto, “No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma”. Servir la verdad significa entrar ya desde ahora en la vida eterna, que es el amor del Padre.

¿Cuál es la misión de un padre? Comunicar a sus hijos la verdad, aún cuando esto es difícil o incomoda. La tarea de un padre es exponer al hijo a la realidad, porque la verdad se conoce sólo en el encuentro vivo con lo real; pero que lo exponga protegiéndolo, para que no sufra daños irreversibles en el contacto con el mal del mundo.

Y la verdad sabemos que no es una idea, sino la Persona de Cristo: por eso, la tarea de un padre comienza con el amor a Cristo, fuente de la verdad que está llamado a comunicar.

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